El equilibrio perfecto...
Si hace unos años me hubieran dado a leer esta editorial, seguramente hubiera dudado de que estas letras pudieran proceder de mí. Ahora, con más experiencia y algunos kilómetros recorridos, dibujo una sonrisa pensando en lo que hubiera contestado entonces...
Nadie niega de la potencia y el sabor a velocidad que ofrece el puño de una moto, es indescriptible, posiblemente los profanos al motociclismo poco pueden entender y seguro que visto desde fuera, puede parecer cosa de locos, locos por la velocidad y el riesgo, como muchos dicen...
Antes disfrutaba del límite, de momentos en que rozaba la frontera entre la más excitante diversión y la más loca de las imprudencias, pero poco a poco descubrí que esta frontera tenía que estar cada vez más lejos porque, entre otras cosas, a muy buenos amigos se les rompió el equilibrio y la balanza se decantó del lado más amargo que jamás hubiera podido imaginar.
Según he ido visitando circuitos, he descubierto que existe un equilibrio perfecto, una balanza que ofrece la emoción en sus dos vertientes más bellas. Los circuitos son el trazado perfecto para vivir de cerca el lado más extremo de la velocidad y las carreteras, sobre todo las más complicadas, las que dibujan curvas más continuadas, son para disfrutar, disfrutar de la libertad que sólo conduciendo una moto se puede sentir, sin comprometer la balanza de vidas ajenas. Ahora sí puedo decir que he encontrado el equilibrio perfecto...
Nadie niega de la potencia y el sabor a velocidad que ofrece el puño de una moto, es indescriptible, posiblemente los profanos al motociclismo poco pueden entender y seguro que visto desde fuera, puede parecer cosa de locos, locos por la velocidad y el riesgo, como muchos dicen...
Antes disfrutaba del límite, de momentos en que rozaba la frontera entre la más excitante diversión y la más loca de las imprudencias, pero poco a poco descubrí que esta frontera tenía que estar cada vez más lejos porque, entre otras cosas, a muy buenos amigos se les rompió el equilibrio y la balanza se decantó del lado más amargo que jamás hubiera podido imaginar.
Según he ido visitando circuitos, he descubierto que existe un equilibrio perfecto, una balanza que ofrece la emoción en sus dos vertientes más bellas. Los circuitos son el trazado perfecto para vivir de cerca el lado más extremo de la velocidad y las carreteras, sobre todo las más complicadas, las que dibujan curvas más continuadas, son para disfrutar, disfrutar de la libertad que sólo conduciendo una moto se puede sentir, sin comprometer la balanza de vidas ajenas. Ahora sí puedo decir que he encontrado el equilibrio perfecto...
Publicado por José Verdú, el 24/10/2007 a las 14:29
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