Accede como administrador
Crea tu blog

Carta de Fermí a Roberto

Cada comienzo de año viene acompañado de nuevos retos y propósitos, para unos éste primer año bajo en nicotina y alquitrán será la excusa perfecta para abandonar el tabaco, otros intentarán bajar esos kilos de más que con tanto cariño se han instalado en nuestro cuerpo serrano, casi todos tenemos algún reto a realizar a lo largo y ancho de este 2006 pero no podemos dejar en el tintero tareas aún por terminar.

Al abrir la revista MotoViva de este mes de enero, vi que el editorial había cedido su espacio a una carta muy especial. Fermí Fernández – actor que muchos conoceréis por sus intervenciones en el programa Homozapping y Buenafuente – escribió una carta a Roberto, el joven gallego que perdió la vida a finales de año pasado al impactar contra un guardarrail. Dirigida en primera persona, la carta nos recuerda a todos que en éste 2006 que acabamos de estrenar seguimos teniendo una tarea pendiente y no podemos olvidarnos de ella.

El editorial se convierte en esta ocasión en Tribuna Libre y cede su espacio a la carta que amablemente Fermí nos ha permitido que publicar, un buen recordatorio de que en éste 2006 que justo acabamos de estrenar, tenemos aún tareas muy importantes por resolver.

"Todos podemos ser Roberto"

Estimado Roberto:

No nos conocemos. Y - dadas las circunstancias – dudo que jamás podamos hacerlo. Pero déjame que te cuente desde aquí todos los acontecimientos que se han precipitado desde tu último viaje en moto, que desgraciadamente y gracias a una de esas malditas cuchillas que adornan nuestras carreteras en forma de valla protectora, precipitó el que sería también tu último viaje al cielo de los moteros. Un cielo donde no podrás disfrutar de tus compañeros de ruta, de tus amigos y donde no podrás ver crecer a tu hija ni compartir la vida y envejecer junto a tu mujer... pero un lugar hacia donde todos dirigimos la vista el sábado 17 de diciembre.

La que has "liao", tío. Parece que, por fin, nuestro colectivo de dos ruedas se puso de acuerdo y ese sábado, en numerosas capitales españolas, pidió a la Administración que se olvidara de una puta vez de gastarse el dinero en castigarnos o de perseguirnos a base de instantáneas furtivas, pillados desde recónditos y escondidos lugares de nuestras cunetas. La foto que nos queda ahora es la de tu vida segada por una guadaña en medio de la carretera. Reivindicamos el derecho a la vida, Roberto.
La misma que tú perdiste.

Odio. Ese es el primario sentimiento que nos viene a la cabeza cada vez que algún amigo desaparece de nuestras vidas por culpa de una carretera mal señalizada, una asesina pintura deslizante, una curva mal peraltada o – como en tu caso – una valla quitamiedos. Odio endémico contra algo tan grande y faraónico como es la Administración. Un pataleo infructuoso que no sirve para nada...

Ceguera y sordera. Ni ven ni oyen, Roberto. No hay manera. ¿Cuántas vidas tienen que perderse para que hagan algo al respecto? ¿Cuántos Robertos tienen que desaparecer para que algún día se decidan a solucionar los puntos negros que hay en nuestras carreteras? ¿A cuántos amigos veremos desaparecer? Mientras tanto las multas van que vuelan, y el dinerito contante y sonante va a parar a las arcas de la Administración para recaudar sin fin, y utilizar la pasta para poner todavía más efectivos y radares en nuestras carreteras. Un pez que se muerde la cola y así hasta el infinito. En épocas pretéritas, los profesores se basaban en su enseñanza con la máxima idiotez de "la letra con sangre entra". Y parece que ha quedado en sus diminutas cabecitas: "castiguemos y así aprenderán". Mientras tanto, ellos van a toda pastilla por la carretera o dentro de una ciudad en enormes coches oficiales, policía y motos llenas de luces y sonido. Eso sí, limpios de polvo y paja. Y comodidad, no sea que se estresen. Y los fines de semana, a esquiar rodeados de guardaespaldas, no sea que se caigan y se rompan un pespunte de su carísimo anorak.

Pero bueno... Lo que te decía: que ese fin de semana te recordamos mucho, Roberto. Y que sepas que no te olvidamos. Y con nosotros, muchos.

Date una vuelta por las nubes y hazte una ruta, que me da en la nariz que tiene que haber un buen restaurante por ahí. Por lo menos a Dios siempre lo pintan entrado en carnes. Y por algo será.

Hasta siempre, Roberto.

(Gracias Fermí)

Publicado por José Verdú, el 24/10/2007 a las 14:30

Comentarios (1)

Danos tu opinión
  • #1

    La estrecha y revirada carretera AV- 502 de Madrid se abre camino hasta El Hoyo de Pinares, el punto de destino. Mi colega Víctor, "Viti" para los amigos, a lomos de su Ducati Monster S2R Dark me sigue, ocupando la tercera posición del grupo en aquella brillante mañana del domingo 21 de agosto de 2005. Trata de alcanzarme, pero mi conocimiento de la carretera y las bondades de la 749 hacen que no sea así.
    Al poco, Bruno (que iba delante de mí) y yo nos vemos obligados a parar debido a las advertencias que hacían otros dos moteros sobre una inquietante mancha de aceite en plena trazada producida por la caída de uno de ellos. Los dos están bien y nosotros esperamos al resto del grupo para indicárselo. Pero no aparecen. Le confieso a Almudena (mi novia, que siempre me acompaña como "sufridora paquete") que algo no va bien; es imposible que les hayamos sacado tanto tiempo. Los tres decidimos regresar.
    Mala suerte. Inesperadamente, en una curva a izquierdas la moto de Víctor le obliga a abrir la trazada hasta chocar con el guardarraíl y salir despedido por encima del mismo doblando una señal de tráfico e impactando contra el suelo.
    De pie y conmocionado, advertimos el deterioro de su mano derecha, por lo que inmediatamente llamamos a las asistencias que tardan media hora en llegar. Desafortunadamente reina la confusión, puesto que en el mismo tramo y con una diferencia de 2 kilómetros, aquel domingo negro se habían producido tres accidentes más.
    Como consecuencia del incidente perdió un dedo de la mano derecha y todavía lucha por recuperar otro. Tuvo suerte. Cuatro operaciones, cinco meses de baja, pérdidas económicas, etc. El agónico recuerdo de aquella mañana esperando una ambulancia que no llegaba es suficiente para mí.

    Los guardarraíles están pensados para los coches, no para las personas. el Gobierno ha mejorado ¿un poco? la seguridad de los postes cubriéndolos con protecciones ¿blandas? de poliuretano. La idea es ¿buena?, pero me resulta patético que se coloquen en tramos rectos donde es muy difícil que ningún motorista (o ciclista) pueda caer, mientras que en carreteras secundarias habitualmente visitadas por los usuarios de las dos ruedas no haya ninguna protección. Pero claro, ubicados allí, son vistos por todo el mundo y son políticamente rentables ...

    Pero, ¿os acordáis de cómo empezó todo? ¿Cuando comenzó verdaderamente la LUCHA contra los guardarraíles? Os refresco la memoria: "El domingo 12 de diciembre de 1993, Andrés Pérez Rubio, conocido por muchas generaciones de motoristas como “El Profe”, se dirigía a dar uno de sus famosos cursos en el circuito del Jarama cuando una rueda defectuosa le llevó al suelo, yendo a chocar contra el guardarraíl que le amputó ambas manos ... Su sangre fría, que le permitió dirigir su propia operación de rescate y su imagen pública tan conocida hizo que este accidente y el posterior proceso de injerto de ambas manos fuese seguida por todos los medios de comunicación."

    Hoy, 13 años después ... ¿hemos avanzado algo? No lo sé, pero espero que me ayudéis a responderlo ...

    Por JAVIER PÉREZ - RUBIO MUÑOZ

    27-01-2006 a las 13:20

    Reportar abuso





Danos tu opinión

Acerca de...

José Verdú Ver perfil

Categorías

Publicidad