La vida, al costo
Las carreteras, los vehículos y el destino parecen haber sellado un pacto con el diablo y de forma implacable, puntual e infalible a cada fin de semana le sigue el habitual recuento de aquellos que no logran alcanzar su destino y dejan sus vidas en la cuneta de nuestra red viaria. Multas, avisos, límites y en breve puntos, no son razón de peso suficiente para tomar conciencia de que tal vez, éste pacto letal lo hemos firmado nosotros mismos, los propios conductores.
Nos desplazamos en coche al Mundial de SBK en Valencia, un trayecto de ida y vuelta sentado como pasajero, un viaje que me permitió ser testigo de que entre todos, hemos convertido las carreteras en una ruleta rusa. He tenido miedo, pavor y asombro a la vez de contemplar cómo en pocos kilómetros y no por extraña casualidad, podemos encontrar de forma reiterada las más variadas muestras de dominio de la conducción. Tenemos suerte al contar entre nosotros con hábiles pilotos que controlan su vehículo y nuestras vidas mientras mantienen una conversación teléfono móvil en mano, por no decir de aquellos que adhieren sus ruedas al carril de la izquierda para no soltar el pie del acelerador o del puño de gas pase lo que pase... niños en asientos traseros sin cinturón y sin sillas de seguridad, adelantamientos entre camiones a modo de duelo, todo un catálogo de razones que tal vez dan respuesta a la pregunta de por qué de tantas víctimas en carretera.
Poco pueden hacer frases como "No podemos conducir por ti", "Esperemos que nuestras previsiones no se cumplan", "¿Cree usted que puede morir este fin de semana en la carretera?" si cada uno de nosotros, sin necesidad de segundos y terceros no valoramos nuestra propia vida como una oportunidad única, irrepetible e irremplazable de saborear.
Somos privilegiados cada vez que regresamos a casa y burlamos nuestra presencia en la lista de bajas que la carretera - al azar y de manera altruista - confecciona a diario, pero aún así debemos reflexionar. No se por qué extraña circunstancia, cuando subimos a un vehículo parecemos dejar en segundo plano nuestro rol único de padre o madre, compañero o compañera, amigo o amiga y permitimos que nuestra vida pase a adquirir valor de saldo a merced de una suerte muy poco afortunada.
El carné por puntos, las multas, las prohibiciones y las campañas más o menos agresivas, poco pueden y podrán hacer si antes, en la carretera no dejamos de cotizar nuestra vida al costo.
José Verdú
Director de DailyMotos.com.
Nos desplazamos en coche al Mundial de SBK en Valencia, un trayecto de ida y vuelta sentado como pasajero, un viaje que me permitió ser testigo de que entre todos, hemos convertido las carreteras en una ruleta rusa. He tenido miedo, pavor y asombro a la vez de contemplar cómo en pocos kilómetros y no por extraña casualidad, podemos encontrar de forma reiterada las más variadas muestras de dominio de la conducción. Tenemos suerte al contar entre nosotros con hábiles pilotos que controlan su vehículo y nuestras vidas mientras mantienen una conversación teléfono móvil en mano, por no decir de aquellos que adhieren sus ruedas al carril de la izquierda para no soltar el pie del acelerador o del puño de gas pase lo que pase... niños en asientos traseros sin cinturón y sin sillas de seguridad, adelantamientos entre camiones a modo de duelo, todo un catálogo de razones que tal vez dan respuesta a la pregunta de por qué de tantas víctimas en carretera.
Poco pueden hacer frases como "No podemos conducir por ti", "Esperemos que nuestras previsiones no se cumplan", "¿Cree usted que puede morir este fin de semana en la carretera?" si cada uno de nosotros, sin necesidad de segundos y terceros no valoramos nuestra propia vida como una oportunidad única, irrepetible e irremplazable de saborear.
Somos privilegiados cada vez que regresamos a casa y burlamos nuestra presencia en la lista de bajas que la carretera - al azar y de manera altruista - confecciona a diario, pero aún así debemos reflexionar. No se por qué extraña circunstancia, cuando subimos a un vehículo parecemos dejar en segundo plano nuestro rol único de padre o madre, compañero o compañera, amigo o amiga y permitimos que nuestra vida pase a adquirir valor de saldo a merced de una suerte muy poco afortunada.
El carné por puntos, las multas, las prohibiciones y las campañas más o menos agresivas, poco pueden y podrán hacer si antes, en la carretera no dejamos de cotizar nuestra vida al costo.
José Verdú
Director de DailyMotos.com.
Publicado por José Verdú, el 27/04/2006 a las 13:25
Danos tu opinión
